Rajar del ropero

Por Agustina Paz Frontera

Este texto está escrito con los métodos compartidos por el Colectivo Juguetes Perdidos durante el Taller Primero hay que saber rajar. Una escritura del agite. Más que registro, delirio y exageración. Más que crónica, agujero desde donde mirar, ¿qué cosa? no la realidad sino la percepción colectiva de algo en movimiento, ¿qué algo? una escritura pretextual, una corazonada, la vida.


Que cada quien piense su Cromañón. Que piense cómo un hito reorganizó todo. Con Cromañón una forma de vida se estaba terminando, había sido liquidada por la masacre. Masacre es también todo lo que el agua negra había traído: cinismo, prejuicio, fin de fiesta, dolor, persecución; mascare todo lo que acompañó estructuralmente: gatillo fácil, exclusión, pobreza, estigmatización de «lo pibe». Todo aquello que la lengua del poder no supo poner en serie pero un cuerpo grupal sí. Una forma de vida que se muere, la de estar en la esquina, ¿estar en la esquina es una identidad? ¿si no pasaba lo de Cromañon cuánto tiempo más iban a pasársela en la esquina?
Pongo mi Cromañón en un episodio cortante: 2005, una desaparición, mi ingreso al pensamiento sobre las violencias contra la mujer, una decisión: basta de fiesta, o dámela toda junta para que me rompa. Destruir como forma de llegar a un claro. A un claro que nunca llega.
«¿Se puede hacer el coming out por otro?», preguntó María Moreno en una jornada sobre Estudios y Políticas de género hace unos meses. ¿Se puede hacer la liberación por otrxs? ¿Podemos las mujeres emancipar a los varones, a las otras, a las lesbianas, a las trans, las travestis? ¿Puede, al revés, hacerse el coming out sólo por una misma?
Charly García en 1973 describió una masacre adentro de una familia muy normal: la escena gira alrededor de una mujer muerta dentro de un ropero.
Hojeo el libro que editó Juguetes perdidos, ¿Quién lleva la gorra? (Tinta Limón, 2016). En el último párrafo está esta frase: «algo perdimos con intención». Hablan de «rajar», pienso en «fugar» (en Deleuze y Guattari). Perderse para sí voluntariamente y sin esperar que la historia nos convierta en sujetos y sujetas. Eso, para mí, es más importante que «rajar», ¿o eso es rajar? Dentro del sistema textual que los Juguetes arman están los conceptos de «raje», «mula vida», «parricidio», «agite», «escritura pretextual», «lo artesanal». Sugiero que el aparato deleuziano se nos hizo lengua común, ¿no deberíamos ya poner en duda su minoridad? En serio, se los pregunto.
Pensamos sobre identidades en fuga, en fuego. Incendiadas, inseminadas. Corridas hacia a un lugar donde nadie pueda ser mandadx, ni mandar, muchos se olvidan de esto: la idea de correrse del poder es para tampoco ejercerlo. Tanto cuesta. Alguien irrumpe: en Uruguay «los gurises prendieron fuego todo cuando mataron a Sergio Lemos, después, en la marcha, los sindicalistas vigilaban que esos pibes no rompieran nada».
Una se corre y te vienen a buscar para decirte cómo te tenés que correr, ¿quiénes? los que corren al lado tuyo.
Las instituciones, aun las aliadas, organizan el desborde, las afinidades se reducen a lógicas paternales y del comercio de poder. ¿Hay que pedagogizar a los gurises o hay que dejarlos que rompan todo? ¿los sindicalistas alguna vez fueron gurises? ¿Qué significa romper? Pensamos en el progresismo dentro del movimiento de mujeres aterrado por las que van al frente y pintan y saquean la claridad de una pared. ¿Hay que evangelizar a las mujeres? ¿Hay que enfrentar con una pedagogía de la fiesta, del amor, de las corridas? ¿Entramos en un fuego cruzado frente a la pedagogía de la crueldad?

Cuando el terror anímico ataca, escribir.
Estamos en el medio del nacimiento de un movimiento político-emocional: ¿podemos convidar esta certeza?
Mayoría femenina rotunda. Una chica de La Plata, del teatro, una de la danza y la filosofía, una chica de Montevideo y una de Canelones, una socióloga, una activista del fútbol militante, abandonadoras de lo duro, todas, todas, una psicóloga que critica el progresismo, una artista visual que extraña las asambleas, donde se podía pensar juntos. Se dice mucho la palabra territorio, la palabra contagio, colectivo, resistencia.
Instalación de un concepto: una intensidad pre-individual que no se puede ni debe abandonar, cuando se siente el impulso fisiológico de escribir ya estás escribiendo sin escribir. Algo así: «fuimos escritos por Cromañon». Pero a la vez «que en la escritura no hable otra cosa que no sea nosotros». ¿Quiénes somos nosotros? ¿Qué corte nos explica?
El Paro Nacional de mujeres tomó el temario. Una diferencia notable con Cromañon y las identidades formadas en la pérdida y la huida de las instituciones: nosotras no matamos a nadie, ni siquiera con símbolos. No somos parricidas y, mucho menos, matricidas. Tenemos una tradición dentro del feminismo, tenemos una continuidad silenciosa pero filosa en los Encuentros de mujeres. No somos lo mismo las mujeres que los «pibes silvestres» de los que habla Juguetes Perdidos. Sin embargo, la esquina aparece como significante ahora retomado por las trabajadoras sexuales: de esta esquina no me muevo, decido ser puta.
Escucho: No se trata de testimoniar. Desobedecer a veces sólo se logra escuchando el rumor que todavía no se pudo articular como lenguaje. Una lengua de lo bajísimo, de lo horroroso, de lo insoportable.
Salir del closet de una vez. No dejar que nadie muera en un placard.
Escuchar la animal, la niña, la loca. Seguirle la corriente.
Engorramiento le dice la máquina textual Juguetes Perdidos a la actitud de fuga que termina en abolición, muerte, orden. Engorrosamiento podría ser su antítesis, pocas letras de diferencia (dos: OS, sistema operativo), pero todo un giro libertario: mostrar la cabeza desnuda como actitud vital, no operacionalizar: ¿quién quiere ideas claras en un cuerpo apasionado? los gorra, nada nuevo saldrá de allí ¿quién quiere ideas engorrosas, ensimismadas, atolondradas pero tan ciertas como las intuiciones o presentimientos? Nosotras. Tenemos nosotras nuestro nosotras.
Un realismo asfixiante domina la mirada sobre lo doloroso, un realismo que «es un vaso dado vuelta si pensás el territorio sólo desde los poderes», dicen los talleristas. Sin los cucos del poder qué queda, queda una continuidad diluida de vida y de muerte, quedan alianzas de lo chiquito, la amistad, queda la batalla sangrienta entre el placer, el dolor y la comida. Queda la lengua sin sospechas, una invención, queda sólo entonces la posibilidad de una invención.

Ejercicio: Todas al piso, hay papel afiche blanco y fibrones. Cotilleo tímido, somos mujeres, no arquetipos. Una chica sugiere anotar presagios más que argumentos. Se arma enseguida el contorno de una mujer tirada sobre el piso, nadie dice que está muerta, se adivina pero no es del todo claro, podría estar haciendo un baile deforme. Ilusiones que caen: una habla de educar a los hijos con una marcha, dice la palabra «puro» al lado de la palabra «mensaje», desisto de enojarme. «Son los aspectos sutiles de la opresión los que todavía no tienen palabra», pudo decir otra, nadie lo anota pero sí hacen otra silueta y marcan la intersección de las manos como la zona de trabajo: el instante en que una mano está por tocar a otra, hablan de aullar porque «con el aullido podés llegar hasta donde no ves» (esto queda anotado).
Callar la constante definición de los mensajes: «mensaje puro». Poner el foco en el sujeto de la enunciación (nosotras, nosotras saldremos del closet por todxs) y no en el enunciado, que la fuerza arrolladora de la forma hable por sí misma. Militar no es vivir, hay que vivir más y militar menos.
Anoto: «Las condiciones de posibilidad de algo trágico son las mismas que para la creación colectiva». Estamos justo mirando por la rendija del ropero.
Las mismas condiciones de la entrada al closet son las del raje de él.
¡Abolición de los roperos! ¡Rajemos!

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Algo sobre activar en Internet
Las redes sociales, como potenciadoras del engorramiento, nos reclaman opinión, mensaje, cohesión, son organizadoras de grandes bloques, imposibilitan el silencio que requiere el hacer con palabras: si no hay trabajo material con la palabra no hay pensamiento. Hay sí un pensamiento de los saltos, un pensamiento de coreografía reticente a lógicas reflexivas, más bien dejado llevar por el punteo del éxito del mensaje, por el aplauso de los no-visibles, los demás que aprueban o desaprueban, ellos: tan sólo nombres propios. Las redes sociales, como extensión del capitalismo, vuelven mercancía nuestros trabajos culturales con la palabra, con la imagen, nuestra producción ociosa se vuelve prenda de batalla, se vuelve arma contra sí misma. Nuestra rebeldía misma vuelta fetiche, nuestros legítimos estados anímicos operacionalizados y acobardados, vueltos cálculo y anticipo de políticas, de medidas.